EL PEQUEÑO FARO · PRIMER EPISODIO
La luz que se quedó
Aire salado. Una taza caliente. Una luz al borde del agua.
Un cuento en voz baja.
Las grabaciones con voz masculina y femenina están en preparación. Puedes leer el cuento completo más abajo.
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El cuento completo
Al final de un sendero estrecho había un pequeño faro junto al mar. Su puerta tenía el azul de una taza antigua. Una piedra lisa la mantenía entreabierta, dejando entrar despacio el aire de la tarde.
Dentro, una tetera descansaba sobre el fogón. En el respaldo de una silla había una manta de lana doblada. Por la ventana se veía la última plata del día tendida sobre el agua, en cintas largas y quietas.
La farera llenó una taza y subió la escalera. Cada peldaño de madera hizo un sonido conocido. No había motivo para darse prisa. La luz giraría a su propio ritmo, como siempre.
Arriba, dejó la taza junto a la ventana. Una pequeña polilla se posó al otro lado del cristal. Abajo, la marea tocaba las piedras y volvía a retirarse. Sonaba como una página que alguien pasara con cuidado.
Se cubrió los hombros con la manta. El té olía suavemente a cereal tostado. Al otro lado de la bahía se encendió una ventana, y luego otra. Imaginó tazas sobre mesas, zapatillas junto a camas, un libro cerrado con una cinta entre sus páginas.
La luz del faro pasó sobre el agua. No le pedía nada a la noche. Dibujaba un pequeño círculo luminoso y, al cabo de un rato, regresaba.
Cuando terminó el té, los bordes de la habitación parecían más suaves. Dejó que la luz siguiera con su trabajo tranquilo y bajó. Fuera, el mar seguía respirando. Dentro, la manta esperaba. Todo podía descansar.
Un cuento original de NightWhisper. Para leer con calma, sin promesas de resultados médicos.
